JP quiere que el gran rival siga en la Copa y le gustaría enfrentarlo. Sueña con un título antes de irse y marca la gran virtud de este River: “El primer defensor es un atacante y el primer atacante es el arquero”. O sea, él.

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MARTIN EULA | meula@ole.com.ar

Entre Juan Pablo Carrizo y Boca hay algo personal.

No es una cuestión demagógica para coquetear con los hinchas de River. Es personalidad. Es desafío. Y es, también, respeto y valoración hacia el principal rival. Tanto en enero del 2006, cuando se lo conocía por tener el mismo apellido que Amadeo y un gran potencial, como ahora, cuando es el arquero del momento. “Me gustaría atajarle un mano a mano a Guillermo”, le dijo a Olé en Salta, horas antes de su debut en un superclásico. “Si se da un cruce con Boca por la Copa, bienvenido sea”, dijo ayer, horas antes de que River se juegue su pase a octavos.

Muro infernal en el Clausura, ponderado por Riquelme, pedido para la Selección, elegido por Fillol, otra vez venerado por los hinchas de River, invicto en partidos oficiales con Boca… Sí, siempre Boca. “No es la primera vez que vive una situación de apremio. Boca no la tiene fácil en la Libertadores, pero no quiero que le vaya mal, al contrario. Si bien está en la vereda de enfrente, no hay que ser egoísta. Si le va bien, es beneficioso para el fútbol argentino”, siente y lo dice JP, Pichi en su Empalme Villa Constitución natal, “donde cada vez que voy es un cable a tierra. Y si a veces no quiero hablar con la prensa no es porque tenga rencor, sino que es un tema mío que no quiero hablar con nadie a veces, y entonces no lo hago”.

Y en la tardecita del martes, mientras el humo cubría parte de la Capital y el Gran Buenos Aires, Carrizo tenía ganas de hablar, no vendió humo y devolvió gentilezas (”Que Riquelme hable en tan buenos términos de mí, me pone bien”), tuvo memoria (”Passarella me apoyó siempre, y me ayudó como jugador y como persona”), aceptó lo que le toca (”Llamarse Carrizo en River te exige mucho”), reveló una intimidad (”Mi papá es uno de los pilares que tengo y me da muchos y sabios consejos”) e insistió con una idea (”En junio me voy a la Lazio, pero antes quiero ser campeón para irme de la mejor manera”).

Hoy, una frase como ésta última no genera resquemor en los hinchas de River como sí pasó el año pasado: “Es gratificante que la gente te vuelva a dar afecto, y si bien me sentí dolido en un momento, estoy agradecido por el cariño permanente”.

Hoy, River está puntero en el Clausura y a nada de pasar de ronda en la Copa. “Estamos cerca, no podemos fallar. Quiero ganar los dos títulos porque en ambos tenemos chances, pero por historia elijo la Libertadores. Y el equipo tiene todo para ganar algo. Si mantenemos esta idea, es difícil que nos conviertan, y no es sólo mérito mío sino de todos en conjunto. Estoy ayudado por mis compañeros para que no me hagan goles y si puedo seguir manteniendo el invicto, mejor. En este River, el primer defensor es el atacante, y el primer atacante es el arquero”.

Locuaz y analítico en la charla con ESPN radio en Rivadavia, hasta se metió en un tema que le pone los pelos de punta a varios: sus pisaditas en el área. “Me siento seguro con la pelota, y es más lindo antes que tirar un pelotazo. Sé que es arriesgado, pero no lo busqué… Me vi obligado a hacerlo. Es confianza y no sobrar al rival ni ofender a nadie”, explicó.

-Entonces te gustaría enfrentar a Boca en los octavos de la Copa.

–Sería muy bueno por todo lo que significa, por el marco, por todo…

Y para el fútbol argentino, como ya pasó en el 2000, serían tres superclásicos en un abrir y cerrar de ojos. Espectacular. Dramático. Ideal… “La gente quiere ganar títulos, pero por la rivalidad no resigna una derrota con Boca para lograr el otro objetivo. Yo tampoco lo haría”.

Es algo personal.

Fuente: Ole.com.ar

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