Profundo. Doloroso. No se ve la salida. No hay fe, no hay convicción, no hay razones suficientes que expliquen esta debacle. No fue River un campeón brillante, pero tampoco daba para pensar en el último puesto de la tabla, en batir domingo tras domingo un nefasto récord tras otro, parece un equipo empecinado en caer cada vez más bajo. Casi los mismos jugadores que hace unos meses creían a muerte ahora dudan, hay una crisis de confianza que derrumba cualquier estructura sólida, imagínense lo que consigue en un equilibrio precario como el que vive River.

Simeone no sabe cómo hacer para contagiar su optimismo a un equipo que se acostumbró a perder, incluso antes de Simeone. El técnico no le encuentra la vuelta y tampoco puede convencer tanto cuando está convencido, o parece al menos, de no tener la solución a los problemas. Los técnicos pueden jugar mal, pero sin faltar el respeto a nadie (y menos a los jujeños, que parecen seres muy sensibles), cuando perdés con cualquiera es un problema que llega a los jugadores. River deberá revisar su plantel, comprar líderes probados y es una situación complicada porque no son fáciles de encontrar. Incluso algunos que afuera parecen buenos, vienen a River y son del montón. Por favor pido: ni clásico ni Sudamericana, pero un poco de dignidad. Ultimos no.

Fuente: http://weblogs.clarin.com/river/

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