El colombiano asegura que la clave ante el Botafogo fue no entregarse nunca, afirma que “los milagros existen” y avisa que ahora “vamos a pelear hasta el final”.

radamel.jpg

“El equipo se unió y salió adelante”, afirmó el delantero.

JORGE LOPEZ  jorgelopez@ole.com.ar 

Quizá Radamel Falcao no tenga el celular de Dios ni se lo cruce en el chat. Pero que de tanto en tanto le manda un radio…

Tan héroe como Batman y Superman. Tan milagroso como el Gauchito Gil. Tan mirado, deseado y colgado en un póster de pared como Pamela Anderson. Con su hat-trick al Botafogo, Falcao causó un sismo que sacudió las veredas de Núñez, generó taquicardia en los fanáticos y le dio un bonus track a Passarella justo cuando desde las fauces del Monumental miles de hinchas empezaban a pedir su cabeza. “Estábamos en una situación bastante complicada, pero creímos, sabíamos que algo iba a pasar. Confiamos en Dios y se dio. Los milagros existen”, le dijo el delantero a Olé tras la hazaña.

Tranquilo, cauto, a pesar de que su teléfono no paró de sonar desde bien temprano. Que amigos, que periodistas colombianos, que familiares, todo el mundo quiso escuchar la voz del “goleador sanador”, quien se cobijó bajo el cariño de sus padres, los mimos de su novia y sus hermanas Melanie y Michelle (estuvo en la cancha con su padre) y las decenas de repeticiones de su gol por televisión. “Estas situaciones adversas en la vida nos ayudan para fortalecernos, para salir adelante. Porque es fácil creer si todo va bien. Pero cuando las cosas son difíciles… El equipo se unió, creyó y salió adelante. Fue bastante intenso todo”, relata.

—Minuto 47, tu cabezazo vence al arquero Max, la cancha explota… ¿En qué pensás ahí?

—En ese momento, era una alegría increíble, pensé de todo… Imaginate, era un momento crítico.

—¿Cómo se revierte un partido así cuando desde afuera la mayoría insulta con rabia?

—En ningún momento bajamos los brazos. Sabíamos que esas situaciones que habíamos generado, podían entrar, que ellos eran vulnerables. Y cuando cabeceé… en la trayectoria ya sabía que la pelota iba a entrar.

—¿Le marcaste el pase a Ortega o sólo corriste?

—Yo la vi y fui a buscarla…

—¿Cómo lo festejaron?

—Uff, el vestuario fue una locura, una fiesta. Fuimos los mismos de siempre.

—¿…?

—Los que sufrimos cuando perdemos, estábamos ahí saltando todos de alegría cuando ganamos.

—¿Qué significó tu abrazo con Passarella?

—Yo… siempre… eh… Creo que nos abrazamos todos, ni cuenta me di de quién me abrazó. Igual, el abrazo entre todos significa lo unidos que estamos. Necesitábamos algo así. Estábamos luchando también contra mucha gente, darnos esta alegría es lindo.

—¿Por toda la presión que tenían encima?

—Estamos viviendo algo bastante difícil en lo que se respira adentro del club, pero tratamos de quedarnos al margen y de darnos una victoria como esta. El festejo del final es lo que se merece el club, los hinchas, los jugadores. “¿Alguno creía que podíamos ganar?”, es una pregunta que hay que hacerse.

Habla y le brillan los ojos. El sustantivo Dios recibe su agradecimiento en muchas oraciones. “Fue conmovedor, estábamos sufriendo por las presiones, se pedía la cabeza del técnico y era un partido fundamental. Gracias a Dios lo conseguimos”, reconoce. Y confiesa: “Recién supe de la clasificación cuando terminó el partido, lo pregunté…”.

—Hubo gente que lloró de emoción, ¿la viste?

—Vi cosas, imágenes, pero fue todo tan rápido que a veces uno no lo puede disfrutar como quiere.

—¿Imaginabas que ibas a meter un hat-trick?

—Siempre sueño con hacer goles: tres, cuatro… Esta vez salió. Al llegar a las Inferiores, tenía una valija llena de sueños. Y la del jueves fue la noche soñada.

—Y, un milagro.

—Sí, un milagro.

—¿Y ahora?

—La fiesta pasó. Pero hay que aprovechar este envión. Y tanto en la Copa como en el campeonato, vamos a pelear hasta el final.

Fuente: Ole.com.ar

Noticias Relacionadas

  • “No canchereo”
  • “No pude dormir”
  • Ajuste de cuentas…
  • La puerta abierta
  • Un cuarto de calentura