Distendido, alegre, el técnico de River hasta bromeó con los jugadores en la práctica a puertas abiertas semanal.

JAVIER SCHURMAN  jschurman@ole.com.ar

El gesto de Passarella era claro: un movimiento de su mano derecha le enseñaba a Augusto Fernández que no volviera a dejarlo en ridículo en el mano a mano, enfrente de todos sus dirigidos y de la prensa justo el único día de puertas abiertas. En esa jugada, una más de la serie de ejercicios de definición que contaban con el entrenador como defensor a pasar (algo que casi todos lo lograron), el volante lo engañó con unos cuantos movimientos de piernas y lo dejó parado, boquiabierto, y con una patada atragantada que no salió de milagro. Todo en broma, claro. Daniel Alberto recuperó la sonrisa al ritmo de los refuerzos.

Con prácticas a las escondidas en una quinta privada, concentrados en el Sheraton de Pilar, el técnico y sus jugadores vienen esquivando todo contacto con la gente y los periodistas. ¿Será que en el único día de atención semanal mostró su mejor cara? Puede ser. No hubo enojos, ni malhumores, y a cambio regaló elogios y demandas en buen tono para los volantes y delanteros que tenían que eludirlo, y para los defensores que —lógicamente cansado a los 54 años— lo reemplazaron.

No hubo fútbol, ni táctico. En dos mitades de dos canchas diferentes de la quinta Las Cascadas, dos grupos de jugadores laburaron en defensa-ataque. Sobresalieron Rosales, Fede Higuaín y Falcao —junto con Augusto, los únicos que se acercaron a un grupo de hinchas que espiaban detrás de un alambrado para regalarles sus gorritos—, Buonanotte mostró algunas perlitas, Ponzio quitó todo como defensor en el mano a mano y el Kaiser… Bueno, el Kaiser obsequió sonrisas. No es poco.

Fuente: Ole.com.ar

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