JAVIER SODERO. Lo entrenó en Central.

Fillol medía 1,80. A partir de ahí, si uno de los más grandes arqueros del fútbol argentino era así, creo que la altura no figura como algo determinante para el puesto. Si nos metemos en el biotipo, siempre se habla de 1,85 ó 1,86. En el caso de Marcelo, lo conozco bien de Central —hasta medimos lo mismo— y tiene todas las cualidades como para jugar en River y triunfar.

Lo que más le duele a un arquero alto, por lo general, son las pelotas a ras del piso, junto a los palos; en este caso se trabaja más en posicionamiento, en estar agazapado. Para uno bajo, el problema mayor suele ser la pelota aérea y, como dije, se puede resolver trabajando en la potencia de piernas. Marcelo lo tiene, y eso le permite despegar rápido y llegar a pelotas que no son sencillas. En igualdad de condiciones, ante una misma jugada aérea, a veces responden igual un arquero grande sin potencia de piernas que uno como Ojeda. La rapidez, la dinámica y la agilidad pueden suplir la altura.

Fuente: Ole.com.ar

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