Ninguno de los jugadores más pesados del plantel salió a respaldar al Kaiser. Y algunos ya están pensando en irse.

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 Passarella mira, de lejos, a sus ahora ex jugadores. “Nunca vi un vestuario tan triste”, dijo.

JAVIER SCHURMAN  jschurman@ole.com.ar

La escena se vio, y se repetirá, por los siglos de los siglos, tan obvia y clásica como ahora denunciante, pintura perfecta del ciclo que se fue. En la mañana de Ezeiza, frío a la sombra y un bálsamo el sol, Daniel Passarella se erigía en algún rincón del vestuario, mientras que los jugadores lo miraban, todos sentados, sin hablar, sin enojarse, casi como si estuviera prohibido reaccionar. El ahora último técnico que tuvo River describió al vestuario inmediato a la derrota con Arsenal como “uno de los más tristes que vi en mi vida”, y acaso apenas las lágrimas se habían secado cuando se fue y ningún histórico lo respaldó con su palabra, nadie gritó su bronca por la ida del rey. “Nunca es bueno que se vaya un entrenador. Por ahí nosotros teníamos las armas para defenderlo y no lo pudimos hacer”, dijo Mauro Rosales, y cuánto se notó, a la larga, que no pudieron conseguirlo.

Lo mismo había ocurrido en otras tardes o noches de bancarrota millonaria: ni Ferrari ni Ponzio ni Belluschi ni Tuzzio, capitanes durante este ciclo, se plantaron ante algún micrófono para demostrar que existían voces de referentes que guiaran al resto. Mientras Ariel Ortega estuvo en el Monumental sumiéndose en estudios para determinar la gravedad de su lesión, sólo Augusto Fernández, Nasuti y Rosales sangraron por la labia. “Es una pena que Daniel se tenga que ir. Dejamos todo contra Arsenal pero la fortuna no estuvo de nuestro lado en ningún momento”, dijo el defensor, tan abatido como el volante: “Habíamos trabajado mucho para pasar a la final, no merecíamos quedar afuera”. Justo o no, la verdad ya es incontrastable.

Esta última mañana, sin embargo, algunos jugadores se le acercaron al técnico para agradecerle o desearle suerte tras haber escuchado su adiós. Contaron cerca del plantel la furia de Ahumada, expulsado ante Arsenal, una de las apuestas que Passarella pudo ganar en este mandato siempre aciago. Recién eliminados y llorando, Belluschi y Lima (quienes erraron sus penales) fueron de los más derrotados, también dicen, en el Monumental. Y dicen más, mucho más, también: algunos de los jugadores con más meses en el plantel estarían tan frustrados y cansados como con ganas de irse. Con apenas Ortega como escarapela de grupo, Passarella abrió la puerta, y ya se verá ahora cuántos más pasarán por ella.

Fuente: Ole.com.ar

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