Por la negociación por su pase y una lesión, Rosales jugó muy poco en el Millo. Le llegó su hora.

Aquel zurdazo que dejó muda a la Bombonera fue el momento cumbre de Mauro Rosales en River. Y lo de momento no es casual porque hasta acá, el cordobés tuvo poca participación. Primero porque las negociaciones para su llegada se extendieron mucho en el verano y recién debutó en la 6 fecha del Clausura, el día de la manito de Ortega a Quilmes. Segundo, y tan importante como lo anterior, porque sufrió una distensión de ligamentos en la rodilla derecha el 2 de mayo, ante Colón, y no volvió a jugar oficialmente (regresó en los amistosos en Corea).

A los 26 años y con 256 partidos en su currículum, Rosales es un delantero de jerarquía (jugó la Champions League con el Ajax), presencia internacional (10 partidos en la Selección) y que hace goles (46 entre clubes y el seleccionado). Y en un fútbol con defensas pobladas y espacios que no abundan, puede desequilibrar con esa velocidad y gambeta que sedujeron a Marcelo Bielsa.

Hoy, Rosales cuenta que hizo una buena pretemporada, que se siente bien, que quiere ser campeón, que tiene hambre y ganas de trascender en River. Y River lo necesita porque fue una contratación estelar (1.800.000 euros) a la que aún no pudo disfrutar.

Por eso, Rosales es casi como un refuerzo para el plantel de Passarella. Y el domingo, “debuta” contra su querido Newell’s.

Fuente: Ole.com.ar

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