Contra San Lorenzo juegan el Burrito y diez más. Por eso el Kaiser le estuvo más encima que nunca. El no le falló: enganchó y asistió.

ortega.jpg

FEDERICO ROZENBAUM  frozenbaum@ole.com.ar

El Burro es un jugador de partido. En los entrenamientos no rinde en su verdadero potencial, pero en la cancha se agranda”. Si la frase que tantas veces pronunció Passarella todavía no perdió vigencia, el domingo será necesario agarrar a Ariel Ortega para frenarlo. Ni el Kaiser lo pudo contener en la práctica de ayer, cuando a pesar de seguirlo muy de cerca como en una clase particular de fútbol, el jujeño hasta eludió al libreto preparado.

Jugó. Corrió. Retrocedió. Enganchó. Asistió. Y, aunque suene a mucho, brilló. Brilló en los 35 minutos frente a la Reserva que fueron testigos de su actualidad. Habían pasado apenas 120 segundos del inicio cuando tocó la primera bola: retrocedió hasta la línea central por el sector derecho, arrastró marcas y, con un toque sutil, le generó el espacio a Burzac para que corriera libre y, solito, mandara el centro que terminó con el zurdazo de Abelairas para el 1-0.

El Kaiser le estuvo todo el tiempo encima para motivarlo, para encenderlo, para pedirle que no se quedara parado en el ataque. La movilidad de Ortega aceitó el eje que hizo funcionar al mediocampo. Si el Burro bajaba, Augusto picaba por el centro. Si se tiraba hacia la izquierda, le abría la cancha a Abelairas. Si recibía de espalda, buscaba enseguida la descarga para luego quedar de frente al arco. Bajó tanto que fue más enganche que delantero. De hecho, no tuvo ninguna jugada clara para probar al arco, pero sí logró que los demás las tuvieran. A los 17”, desbordó y mandó el centro atrás. Un minuto después, tras un pase largo de Ponzio por la banda, aguantó con el cuerpo al pibe Villalba, le dio la media vuelta y le sirvió la asistencia a Ruben para el 2-0. Pero hubo otra perla: una triangulación con Abelairas y Villagra, todo de primera y con la precisión de quien no perdió tiempo ni distancia en el manejo de pelota.

En el cuerpo técnico lo ven mejor de lo que se preveía para esta etapa. La idea madre era probarlo en la cuarta fecha, aunque su extraordinaria levantada y las fechas postergadas ayudaron para que juegue desde el arranque como no lo había hecho desde su último regreso a River. Es una señal de su estado de ánimo como de la influencia que, se cree, puede tener en el funcionamiento del equipo. En sólo 15 días pasó de incógnita a titular, reemplazando a Mauro Rosales. Y en esa competencia gana por la pausa que le puede brindar al juego y el beneficio que eso conlleva para que los otros volantes tengan tiempo de pasar por sorpresa desde atrás.

Que está bien no hay dudas. Al contrario, el cuidado pensado desde el riñón de Passarella hoy pasa por graduar la dosis de elogios para no influir negativamente en otra depresión alcohólica. ¿Cómo lleva su adicción? En River se le valora el cambio que experimentó al cabo de su internación en Chile. Pero el gran público aún no presenció lo que sus compañeros ya comprobaron en los entrenamientos. El domingo, ante San Lorenzo, Ortega buscará demostrar que tiene clase. La misma clase que insinuó ayer en la práctica y que suele explotar en los partidos. La clase que no se oxida con el paso de los años y sus vaivenes.

Fuente: Ole.com.ar

Noticias Relacionadas

  • Está de la cabeza
  • Uno x uno
  • Derechito a Burzac
  • El cumple del Kaiser
  • River golpeó todavía más al alicaído San Lorenzo