El equipo de Passarella tuvo todo para ganar en el Centenario de Montevideo, pero aflojó y se le escapó en el final. Ortega, de penal, y Falcao, los goles millonarios. Gaglianone y Valenti, los uruguayos. El martes jugarán el partido de vuelta por los cuartos de la Sudamericana.

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MARCA. Falcao intenta escaparle a la presión de Christian González. (AP)

IGNACIO ORTELLI iortelli@claringlobal.com.ar

¡Cómo cambió todo en River! En poco más de un mes pasó de estar a un paso de la eliminación en la Sudamericana y muy lejos en el Apertura a tener chances en los dos frentes. En otro momento, ¿cuánto se hubiera sentido las ausencias de Ahumada y Buonanotte? Seguramente, mucho. Pero la moral del equipo de Passarella está tan arriba que al que le toca entrar rinde tanto como el que sale.

La visita al Centenario representaba una gran oportunidad de mantener el camino ganador. “Vinimos a ganar”, dijo Passarella en la previa, anticipando un River muy ofensivo para sorprender a Defensor. Y el Millo salió decidido a llevarse por delante a los uruguayos y a los 5′ se puso arriba cuando Ortega transformó en gol un infantil penal que Lamas le cometió a Rosales. Muchas quejas del lado local, pero el agarrón del defensor fue clarísimo.

El plato estaba servido y River, dispuesto a no dejarlo pasar. Con Ortega como bandera y Falcao complicando a los dubitativos centrales de Defensor, la visitaba jugaba cómodo ante un rival que todavía lucía desconcertado por el golpe del 1-0. Pero el Burrito no estaba solo en la creación: Belluschi trataba de generar juego aunque con más limitaciones posicionales dado que también debía ayudar a Nico Domingo en la recuperación.

De a poco el local empezó a copar el medio y a llevar peligro al arco de Carrizo. Morales y Navarro bajaban y escapaban al rigor de Nico Sánchez y Tuzzio. Claro que en esa necesidad de tener que ir muy atrás a buscar la pelota terminaban perdiendo presencia arriba. Parecía que River estaba más cerca del 2-0 que Defensor del empate. Sin embargo, los uruguayos encontraron respuestas por arriba. A los 12′, tras un centro desde la derecha la pelota le quedó picando en el área a Navarro, quien la tiró por arriba cuando Carrizo no tenía mucho por hacer.

Y dos minutos más tarde, llegó el 1-1, con una jugada muy similar a la anterior. Centro desde la izquierda, Carrizo dudó y Gaglianone la empujó. El gol agrandó al local, que siguió presionando. River entró en un bache, producto quizás de una merma en el rendimiento del Burrito, quien había arrancado encendido. Si el Millo estaba dormido, Falcao lo despertó con un tremendo bombazo desde afuera del área que Silva no llegó a desviar. 2-1 y a jugar con la desesperación ajena. Tremendo presente el del colombiano, que además de goles aporta carácter y entrega.

Toda la obligación tenía Defensor, pero también poca creatividad en ataque. Y como en el segundo tiempo River levantó el pie del acelerador, el partido entró en una meseta que favorecía a la visita, claro. De todas maneras, daba la sensación que en una contra, el equipo del Kaiser podía liquidarlo. Pero Falcao entró en el juego del roce y dejó de preocupar. Da Silva intentó cambiar las cosas y metió mano en el ataque: adentro Viudez y Valenti, afuera Morales y Navarro. Pero todo seguía igual.

Se moría el partido y el Millo ya había decidido meter el partido en el freezer. Pero a siete del final Carrizo dudó, otra vez, en un centro desde la izquierda, y Valenti, ex Gimnasia (LP), apareció por atrás y de cabeza logró el empate. Pese a que sobre el final se le escapó, para la visita no termina de ser un resultado muy positivo de cara a la vuelta del próximo martes, en el Monumental, más si se tiene en cuenta que el gol de visitante tiene doble valor. Demasiado premio hubiera sido para Defensor si en el final Fernández, reemplazante de Marchant, anotaba el 3-2 luego de desparramar en el área a todo River.

Comentario aparte para el arbitraje de Salvio Fagundes y para el excesivo fastidio de Jorge Da Silva. Si bien el brasileño no tuvo una buena tarea, sus errores no fueron decisivos en el desarrollo del encuentro. La actitud del DT local de ir a reprocharle al final del primer tiempo no hizo más que poner más nerviosos a sus jugadores. Quizás un poco de autocrítica hubiera sido mejor, Polilla.

Fuente: Ole.com.ar

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