De la mano de Buonanotte, autor de dos golazos, venció a Olimpo por 2-1 y se coronó a una fecha del final del Clausura porque Estudiantes no pudo ganar. En Núñez se regalaron una gran alegría en un semestre difícil y dieron la primera vuelta olímpica desde el Clausura 2004. Los bahienses deben ganarle al Pincha en la última fecha para evitar el descenso directo y jugar la Promoción.
Festeja River en esta extraña versión, a mitad de camino entre la alegría y el sufrimiento. Festeja River, feliz y paradójico, poco más de un mes después de la frustración copera, la lluvia de maíz, las palabras de Ahumada y Carrizo. Festeja River, con el gustoso sabor de ser el único, mientras Boca, San Lorenzo y Estudiantes quedaron con las gargantas anudadas. Festeja River luego de cuatro años con más tormentas que calma y más pesares que sonrisas. Festeja River y está bien: ¿Cómo discutirle méritos a un equipo que se consagra con holgura, a una fecha del final del campeonato?

El gol de Buonanotte fue la llave que le permitió a River establecer una nítida superioridad hasta el descanso. Porque Olimpo se había plantado de igual a igual y propuso una lucha a brazo partido. Hasta el 1-0, los locales habían tomado la iniciativa, pero no conseguían llegar con profundidad. Ortega había sido el integrante del trío creador con más participación, aunque sin gravitar.

En efecto, con el elegante y certero zurdazo del zurdito de Teodolina, obra maestra del pizarrón, empezó otro partido. River se sintió mucho más cómodo con la ventaja, encontró los espacios y puso en jaque al arco de Olimpo en repetidas oportunidades. Ramírez, con mucho trabajo, les negó un nuevo grito a Falcao, Buonanotte y Ortega. Abreu también se lo perdió en forma increíble. De la vereda de enfrente, Olimpo dispuso de una chance en un acción que Carrizo le abortó a Barrado. Llegó el entretiempo y la justicia se mantenía en condescendencia con el resultado parcial.

River se exhibió algo aletargado durante los primeros tramos de la segunda parte, con la complicidad de un Olimpo que si bien daba batalla no tenía las armas suficientes para lastimar al arco rival. Hasta que en una jugada aislada se enmudeció el Monumental. Olivi metió un centro justo después de tropezar y quedar a tiro de la dilución de la maniobra. Todos se sorprendieron. Menos Lujambio, que con los ojos bien abiertos punteó la pelota con su botín zurdo y superó el esfuerzo de Carrizo. El partido estaba igualado y River empezaba a sentirse con el grito atragantado.

Pero no. Otra vez la inspiración de Buonanotte provocó el desequilibrio en un desarrollo cada vez más cerrado y con escasas oportunidades para el desnivel. Recibió Ortega con pelota dominada, el Enano hizo la diagonal y el Burrito le cedió la pelota dentro del área para que su hijo dilecto definiera con un suave toque cruzado con el pie derecho, en posición dudosa, a 12 minutos del final del tiempo reglamentario.

Los hinchas locales liberaron el grito contenido. Volvió a rugir el Monumental, mientras Estudiantes seguía sin poder quebrar a Colón en La Plata. Era la tarde que River tanto había esperado en su extraña vorágine semestral. El último pitazo de Collado dio lugar a un breve suspenso. El pueblo millonario pegó la oreja a la radio por cinco minutos finales. La chapa no se movió en la Ciudad de las Diagonales y, entonces sí, River pegó un ansiado alarido de gloria.

Fuente: TycSports.com

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