La precisión de Abelairas, clave otra vez: le sirvió la bocha en la cabeza a Falcao, quien hizo su quinto gol.

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FALCAO YA DEJÓ ATRÁS A LEYES, LE GANA A BLENGIO Y METE EL GOL, EL 8° DE RIVER EN EL AÑO QUE NACIÓ DE UNA BOLA QUIETA.

FEDERICO DEL RIO | fdelrio@ole.com.ar

River parece un equipo que nunca para la pelota, pero te liquida cuando el rival lo obliga a frenarla. Sí, suena contradictorio, extraño, pero es así. En ese verticalismo a rajatabla que impone Simeone, otra vez el desequilibrio llegó gracias a una jugada de pelota parada. Producto de una falta de Tigre, a los hombres del Cholo no les quedó otra que bajar las revoluciones y les salió bien. Como ya había ocurrido en otros siete de los 21 goles que llevaba convertidos hasta ayer, el centro al área fue la clave para abrir otro partido de mete-gol-gana. Y también se repitió el rol protagónico de Matías Abelairas, ya dueño y señor de tiros libres y córners.

El botín zurdo del Pitu se transformó en un arma fundamental para River. Esa precisión que en sus tiempos de sparring le elogió Bielsa (hasta lo puso de ejemplo para los mayores) está siendo muy aprovechada por las cabezas de sus compañeros. Con el testazo que metió Falcao se repitió la fórmula que abrió el partido frente a San Lorenzo, aunque en aquella tarde la pelota parada fue un córner y no un tiro libre. Y en el Azteca, en la derrota ante el América, la combinación centro al área-gol se dio por triplicado, siempre comenzando en el pie de Abelairas.

El aporte del Pitu en esta versión 08 no se termina en servirles la pelota a los cabeceadores. Cómodo a un costado del volante central, el pibe de Olavarría también convirtió de pelota parada (gran tiro libre frente a los jujeños, ayer pegó en el travesaño) y con la bola en movimiento (para liquidar a San Lorenzo). Simeone le encontró el mejor lugar en la cancha para sacarle el máximo provecho a su principal cualidad –pasar la pelota– y no exigirlo a un largo recorrido por la banda que lo desgastaba al punto de no poder desequilibrar en el mano a mano.

Ese pequeño cambio posicional provocó el resurgimiento del Pitu, quien hasta la llegada del Cholo no había logrado continuidad ni con Astrada ni con Merlo ni con Passarella. Y pasó de ser uno más del plantel a no sólo tener un lugar entre los 11 sino también a transformarse en una pieza clave gracias a su pegada. Esa que lo hizo dueño de cada pelota parada.

Fuente: ole.com.ar

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