A Passarella le creció un Enano: el zurdito de 1,61 m. se paró de enganche en un 4-3-1-2, hizo los dos goles y fue la figura de River en el amistoso contra la CAI.

MARTIN BLOTTO  mblotto@ole.com.ar

A simple vista, parece un nene de las Inferiores infiltrado entre los profesionales de la Primera. Mide apenas 1,61 y pesa 56 kilos. Se acomoda la camiseta mirando el piso mientras Passarella da las últimas indicaciones. Pero cuando hay una pelota de por medio, Diego Buonanotte se saca la timidez de encima y crece en su autoestima al punto de convertirse en un gigante.

Choca contra los Goliath del fondo de la CAI, gambetea, cambia el ritmo, busca profundidad en cada pase y la mete en los ángulos con la facilidad que sólo tienen los cracks. El talento del zurdito de 19 años transformó un amistoso que pintaba para depresión en pura ilusión. Y aportó una Buona en medio de tanta angustia: la esperanza de que su fantasía puede explotar finalmente en el Apertura que se viene. Porque el Enano demostró que puede ser un grande.

La fría mañana de Ezeiza había arrancado con un gol en contra de Gerlo (ver Esa defensa…) y con Ruben y Rosales desconectados, sin participación ni peso en el área rival. Hasta que al equipo le creció un Enano: Buonanotte trabó con Yoco como si fuera Mascherano, se quedó con la pelota cerca del vértice derecho del área rival y en un instante se perfiló y sacó un zurdazo fuerte al primer palo.

Unos minutos después, armó un combo perfecto con todas sus cualidades futbolísticas. Recibió en tres cuartos de cancha un rechazo de cabeza de Gerlo, dejó en el camino a Cáceres con un veloz enganche hacia adentro y, con un movimiento de tobillo hacia afuera, eludió a Caamaño como a un conito y enseguida le dio el zurdazo cruzado. Mientras derrapaba en el piso, la pelota se metía en el mismo palo (el izquierdo) de Trípodi y se escuchaban los aplausos. Del cuerpo técnico de River, del de la CAI, de los suplentes de ambos equipos, de los hinchas que espiaban desde afuera…

Antes de la pretemporada, Buonanotte no estaba en los planes de Passarella. El Kaiser lo había hecho debutar ante Instituto, el 9 de abril del 2006 (reemplazó a Gonzalo Higuaín y sólo jugó 8 minutos) y después lo había dejado de lado, ya que ni siquiera fue llevado a Mar del Plata en el verano de este año. De hecho, el zurdo de Teodelina viajó a Corea por la permanente insistencia de los dirigentes, quienes siempre confiaron en el petiso mientras el DT pedía a Gracián, a Sixto Peralta y seguía con el 4-4-2 del semestre anterior.

Pero Passarella cambió. Finalmente se decidió a jugar con enganche y ubicó al Enano en su posición natural, no como lo hacía jugar en la Reserva que dirigía Rivarola: de doble cinco. Ante la CAI, más cerca del área, rodeado por Belluschi y Augusto y protegido por Ponzio, Buonanotte demostró por qué se habla tanto de él en los pasillos del Monumental y por qué Adidas lo eligió el año pasado como cara de la publicidad de la camiseta junto con Lux y Gallardo.

Para el Enano, esta prueba tuvo un nivel de exigencia similar al de un partido de Primera, porque el rival dejó el cuerpo en cada pelota, como si estuviera jugando por los puntos en la dura B Nacional. De movida, el lungo Bartolini, de casi 1,90, fue a anticipar en lo alto con el codo en la nuca de Buonanotte. Yoco también le raspó los tobillos cuando el pibe recibió de espalda. Sin embargo, el zurdo se hizo eje del equipo con guapeza. Fue opción de pase para Belluschi y Augusto, y apoyo para los puntas. Como el perfil limita a Fernández para llegar al fondo por la izquierda, él metía la diagonal hacia la posición de 11. Así, desbordaba y dejaba huecos para Augusto y Belluschi. Y aunque se apagó un rato durante el segundo tiempo, que duró más que el primero, revivió en el final y volvió a generar peligro. “Puedo ser el enganche de River”, se había ilusionado Diego mientras armaba las valijas para ir a Corea. Ahora es él quien ilusiona a River con su talento.

Fuente: Ole.com.ar

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