El volante dijo que su zurdazo podría haber ido a la segunda bandeja. “Ojalá me siga confundiendo”, pidió.

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FRANCO PREDAZZI  fpredazzi@ole.com.ar

El Negro festeja su golazo. Después del partido, le regaló la camiseta a su amigo Zapata.

La pelota fue adentro como podría haberse ido a la segunda bandeja”.

“De vez en cuando me equivoco, je, je”.

“Necesitaba el gol”.

Son tres frases que pintan la personalidad de Augusto Fernández. Las dijo ayer, al salir del Monumental, cuando él mismo se reía de lo que le salió a los 24 minutos del segundo tiempo, cuando recibió una descarga de Andrés Ríos a la cual le dio forma de 4-0. El zurdazo, de primera, al ángulo, con una comba que obligó a Peratta a estirarse hacia la nada, resumió su presente: espectacular. Fue el gol de un volante al que justamente le estaba faltando gol, pero que no obstante venía siendo el mejor jugador de campo de River.

Lo de ayer potencia la jerarquía del mediocampista que más creció en la etapa de Passarella. El Negro es una apuesta del Kaiser. “Es uno de los mejores del plantel”, dijo el DT en conferencia. En este semestre le terminó dando la titularidad por derecha y, a partir de esa decisión, le tuvo que buscar variantes a la presencia de Belluschi.

“El equipo sigue mejorando. Creo que se explica por la solidaridad que hay en la cancha. La gente se merece esta levantada”, monologó minutos antes de dejar el Monumental y un rato después de haberle mandado la camiseta a su amigo Víctor Zapata.

Esta semana tomó estado público que el Real Madrid lo tiene en la carpeta de futuros fichajes. El club español había mandado un emisario para los partidos ante Racing y Estudiantes. Y si bien ayer el hombre ya no estuvo, seguramente su gol viajará vía satélite hacia España. Pero por un tiempo (¿largo?) Augusto seguirá usando esa camiseta que se puso 38 veces en la Primera y que transpiró durante seis años en Inferiores. “Mi sueño más próximo es salir campeón con River, lo que vendrá es secundario”, es una de sus sensaciones de cabecera que repitió ayer ante los micrófonos. Para el final tenía guardada otra pastilla de talento: “Ojalá me siga equivocando más seguido”.

Fuente: Ole.com.ar

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