Los dos pibes del club le pusieron mucha música al ataque del Millo, tocaron de primera y no desafinaron.

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Ríos, quien se había quedado fuera de la pretemporada, festeja su gol. “Es único”, dijo.

SANTIAGO GOMEZ  santiagogomez@ole.com.ar

Era el fuerte, el valor agregado, el plus. Podía faltar uno del fondo, mancar uno del medio y hasta poner en duda quién sería el indicado para llevar la batuta, pero adelante se vislumbraba que River no podía desafinar jamás con Falcao, Rosales, Ruben, Alexis Sánchez, Zárate y Ortega como intérpretes. Y ayer, lo volvió a demostrar. Porque pese a no poder contar con el colombiano y el chileno por estar con sus selecciones, tener que olvidarse de Speddy por un desgarro y del Burrito por una distensión, resignarse a dejar afuera del banco al Roly porque aún no está 0 km en lo físico y hasta bancarse que el ex Central sufra un esguince de tobillo a los 39 minutos de partido, River dio un recital ofensivo en el Monumental. Con Juan Antonio y Andrés Ríos. ¡¿Con quién?! Con Antonio y con Ríos, con Antonio Ríos, un tributo para el Maestro de la cumbia, un disfrute para los ojos de los hinchas, una ratificación de que allá arriba, en el área, este River tiene quién le ponga letra y música.

“Estoy feliz. Tenía unas ganas terribles de jugar un partido así, de ser titular, de poder convertir mi primer gol en Primera. Porque en Inferiores había hecho varios, pero éste es distinto a todos”. Casi sin respirar, Ríos no disimuló su alegría. Porteño, de 18 años, el Vechi dejó a un costado su timidez tanto afuera como adentro de la cancha. Porque además de no parar de hablar y dedicarle el gol a Andrea y Mauricio, sus padres, Julia y Jorge, sus suegros, y hasta cada uno de sus siete hermanos, también la dejó chiquita con una entrega total, corriendo a cuanto defensor le pasara cerca, parándose como centrodelantero definido y tirándose atrás para generar espacios y participar en el armado. Con el arco en la mira y sorprendiendo siempre. De hecho, a los 19 probó por primera vez con un derechazo que se desvió en Lima y se fue al córner y sólo cuatro minutos después, a los 23, poniéndole el broche (y el empeine derecho) a una pelota parada para meter el 1-0.

“Me sentí bárbaro. No pensaba jugar tantos minutos. Pero me voy chocho. El triunfo nos permite seguir creciendo”. Menos verborrágico y más formal, Antonio tampoco pasó inadvertido. De entrada nomás porque su presencia en el banco ya sorprendió teniendo en cuenta que el pibe, de 19 años, no venía teniendo continuidad ni en la Reserva producto de la tendinitis que sufrió en ambas rodillas. Y después, porque pesó en el juego y aprobó con cinco pases bien, ninguno mal y tres tiros al arco (la más clara fue un derechazo que Peratta desvió justo). Datos de una tarde feliz. En la que River goleó, se convirtió en el equipo que más la metió en el torneo y ratificó que arriba no desentona.

Fuente: Ole.com.ar

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